Ya era hora de que volviera a escribir algo sustancioso por estos lares. La última semana ha sido bastante durilla de Lunes a Viernes, y el resto de los días he tenido demasiada borrachera/resaca para ponerme a escribir nada. Además, mi mente ha estado más centrada en temas realmente filosóficos, de esos que no pongo aquí porque son un coñazo y nadie los leería, y no me he centrado mucho en esta filosofía barata de blog que es mi vida, y que al verbalizarla está más cerca del arte que de la propia filosofía. Pero bueno, esa filosofía "de andar por casa", como diría Andrés, es buena parte de mi vida, y por eso, tarde o temprano, siempre acabo volviendo a este antro de tragedia y preguntas retóricas.
Muchos me habreis oido decir ultimamente que me declaro, si no enteramente, bastante Freudiano. Luego me habreis oido poco hablar de Freud, porque mi afirmación esta más cerca de decir en realidad que mi camino se dirige hacia este simpático señor que veía penes por todas partes que a que ya me lo he encontrado tirado en medio de la calzada. Todavía tengo mucho que asimilar, y por primera vez en mi vida, voy a esperar a saber de verdad antes de hablar. Aunque por otra parte, puede pasar mucho tiempo hasta que pueda hablar de psicoanálisis, si es lo que alguien espera, porque siempre es de postín recordar que yo estudio filosofía, y, de momento, solo me siento realmente atraido por la obra filosófica de nuestro querido amigo Sigmundo. Sin embargo, como no es de esto de lo que quiero hablar hoy, si no del su fruto en mi persona, os la resumiré en pocas lineas.
Todos sabemos que el psicoanalismo tiene por base que nuestra personalidad se configura en nuestros primeros años de vida, y que todo lo que hagamos estará condicionado por esto. Bien, por mi parte, vayamos un poco más allá: todo cuanto nos ocurre en esta vida, ya sean consecuencias de nuestras actos o simplemente seamos receptores de un inmerecido (para mal o para bien) azar, se va sumando a una metafórica (e incluso puede que no) ecuación que nos conforma como nosotros mismos y cuyo resultado es exactamente nuestra siguiente elección en este vida, que a la para desembocara en más consecuencias que seguirán uniendose a esta interminable fórmula matemática, que cada día aumenta de tamaño más y más. ¿Qué implica todo esto? Pues algo que sienta bastante mal y que no nos gusta nada oir: que la libertad no existe, y en caso de que exista, no seremos nosotros quien la poseamos. Nuestros actos estan determinados, pero no en el sentido más popular de este concepto; no están escritos en ninguna parte, y posiblemente no sabríamos adivinarlos con certeza de modo alguno. Sin embargo, nuestros genes, sumados a todo lo vivido, se unen en una función cuya variable es la elección que nos ocupe en mente en ese momento, y como parte de una función, ya tiene un lugar fijado en el plano cartesiano. Podremos ver las muchas opciones que nos plantea un conflicto, y hasta dudar en cual elegiremos a la hora de resolverlo, pero eso no implica que realmente hayamos tenido opción alguna. Somos practicamente una fórmula matemática, la psicología lo demuestra más cada día, y lo más cerca que pudieramos llegar a estar de ser libres sería posiblemente dejarnos llevar completamente por nuestras pulsiones (que no instintos, de los que el ser humano carece), cosa que igualmente nunca vamos a elegir.
Bueno, quejas a parte, con lo que quiero llegar a esto es a decir que la psicología me hace sentir seguro. Necesito una explicación de las cosas, no puedo evitarlo. Me sirve de siempre para excusar lo justo a la gente que me hace daño (empezando por mi querido papi) como para susituir un odio visceral en una compasión de lo más antinitzscheana, lo cual no suena muy bien, pero posiblemente sea lo único que me queda para no acabar en el juzgado acusado de homicidio doble. Pero, por otra parte, la psicología tiene otra función que se convierte cada día más en mi arma de doble filo personal, que se dedica a matar eso que llamaríamos "la magia de la vida". Me sirve para desentronar a esas personas ante las que me veo, dada mi insegura personalidad de comeuñas, inmensamente por debajo y capaces de tirarme al barranco en cuyo borde vivo con un solo soplido. Cuando consigues explicar la genialidad de las cosas, estás pierden gran parte de ella. Las personas parecen más auténticas cuando nos da la sensación de que hacen las cosas porque se lo pide el cuerpo que cuando hallamos la fea razón que les lleva a ello, y que, muy a mi pesar, siempre existe. Nunca será lo mismo aquel que da sensación de ser culto porque le sale del alma una inquietud innata por las artes y filosofías, que el pedante carapedo que vemos venir que lo hace porque necesita sentirse un mindundi con algo de autoridad. Así, buscando la teleología a cada uno de los actos de los demás, consigo no sentirme a la sombra de la genialidad ajena... si, es así de triste. Pero esto no es lo peor del tema, que va. Lo malo de todo esto es que también mato la "magia" en el sentido bueno. Cada día creo menos en cosas como el amor, que, como ya expresé al hablar de
"Love is Hell", parece que se reduce simplemente a un amor puramente prágmatico, y la pareja del inseguro será siempre la mamá, la del soberbio la aduladora, y miles de ejemplos más bastante más intrincados. Así, el amor deja de ser esa idea de pareja con la que creces apoyándote espalda con espalda, y es esa persona que cubre nuestros mayores miedos para que no tengamos que hacer frente a ellos. Y esto solo es el principio: el filósofo es aquel hombre poseedor de una curiosidad innata por lo que le rodea, si no un inseguro que necesita explicar un mundo del que vive temeroso, el profesor no es áquel que cree que tiene el honorable deber de instruir a los demás, si no el que busca dejar su semilla en ellos por pura soberbia o que necesita sentirse escchado por falta de autoestima, el abogado es áquel que viéndose incapaz de gobernarse a si mismo, decide agachar la cabeza ante la ley que ya le ofrece un camino marcado, lo mismo que el religioso, y ya no hablemos de las ingenierías que suelen estar llenas de ávidos superficiales que buscan dinero más que otra cosa.
Suena super feo, y lo peor es que cada día que pasa me lo creo más. Ya no quedan causas puras, todo lo hacemos para tapar malamente con perfume barato nuestra mierda, porque no queremos coger la pala y empezar a removerla...